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por: Roberto Karam Araujo

En México, las niñas, niños y adolescentes atraviesan situaciones delicadas que requieren de nuestra urgente atención. Problemas sociales tales como las adicciones, la violencia, la falta de oportunidades de empleo y educación, las carencias económicas, entre otros factores, han creado un clima de descomposición social y familiar que pone en desventaja a los menores de edad y los lleva a asumir retos que en la mayoría de los casos, de acuerdo a su nivel de madurez, no logran librar con éxito.

Estos grupos de edad, que representan el 39% de la población total del país[i], están en pleno desarrollo físico, mental, emocional y social, por lo que necesitan atención de calidad y apoyo para su pleno crecimiento e inserción adecuada en la sociedad; además de la protección y respeto a sus derechos humanos, principalmente la Protección de la Salud, la Seguridad Social y su derecho a Vivir en Condiciones de Bienestar y un Sano Desarrollo Integral.

Con base en la Ley General de Salud y la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, dependencias tales como el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), las instancias en Salud y Seguridad Social de los Gobiernos Estatales, las Unidades Médicas del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (SN-DIF), entre otras instituciones, tienen la responsabilidad de desarrollar acciones que garanticen el derecho humano a la salud, definida desde una perspectiva integral como el “estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”[ii].

En la actualidad, el Sector Salud, y las instituciones que lo integran, operan sus estrategias de atención dirigidas a estos grupos vulnerables principalmente con acciones curativas, de detección y prevención de enfermedades, e intervenciones breves enfocadas en la atención del daño causado por enfermedades.

También, aunque con menor énfasis, se desarrollan acciones de Promoción de la Salud que se enfocan en abatir las principales prevalencias y factores de riesgo en niñas, niños y adolescentes, mediante intervenciones sociales integrales, vivenciales, de educación para la salud, culturales, deportivas y recreativas, que promueven estilos de vida activa y saludable, propician la equidad de género, desarrollan la creatividad, las potencialidades individuales y fortalecen la cohesión familiar, comunitaria y social.

En estas instituciones, dentro de un enfoque de salud integral, se atiende el bienestar social, emocional y cognoscitivo principalmente mediante intervenciones sociales encaminadas a la formación de habilidades, tales como autoestima, toma de decisiones, comunicación interpersonal, control de las emociones, entre otras, que permitan al niño, niña o adolescente asumir la responsabilidad de tener una vida saludable.

Esta manera de intervenir en los esquemas cognoscitivos, emocionales y sociales contribuye a formar niños, niñas y adolescentes resilientes, entendiendo la resiliencia como la capacidad de individuos, familias, grupos o comunidades de vivir bien y desarrollarse positivamente a pesar de condiciones difíciles de vida; de sobreponerse a periodos de dolor emocional y traumas; de generar factores biológicos, psicológicos y sociales para resistir, adaptarse y fortalecerse ante un contexto social de riesgo, generando con esto éxito individual, social y moral.

Además del trabajo realizado en este sentido desde las instituciones del aparato gubernamental, existen diferentes estrategias impulsadas desde organizaciones de la sociedad civil o iniciativas ciudadanas que promueven la salud en sus componentes sociales y psicoemocionales. Pequeñ@s Ciudadan@s es un claro ejemplo de esto, pues busca desarrollar en niñas y niños, así como en su entorno social inmediato, habilidades para la ciudadanía, así como otorgarles conocimientos que los empoderen en el ejercicio de los derechos en la infancia y el establecimiento de compromisos para tener una vida plena y con salud.

Sin embargo la misión de promover la salud, en su definición amplia (Ottawa, 1986),[iii] no sólo debe recaer en organizaciones sociales, institucionales o ciudadanas, sino que también se requiere de la participación activa de madres, padres, tutores, educadores, entre otros actores, para poder desarrollar actitudes y proveer a los niños, las niñas y los adolescentes de conocimientos suficientes que los lleven a afrontar de manera exitosa la difícil realidad de este país, ubicando de esta forma un desarrollo integral saludable dentro de los ámbitos personal, familiar y comunitario, porque todos somos corresponsables de la salud, con obligaciones y compromisos irrenunciables en la procuración de mayor bienestar dentro de la sociedad.

Buscar incidir en las principales prevalencias y factores de riesgo de estos grupos es tarea de todos. Los padres, madres y tutores como parte de sus obligaciones deben participar, proponer y colaborar con las autoridades para crear, mejorar y fomentar estos programas y espacios para que los niños logren su potencial.

La combinación de estos factores protectores que debemos cultivar y transmitir a las niñas y niños, les dará la capacidad de tener una vida sana en un medio adverso. Está en nosotros provocar el cambio social, aceptar el reto y asumir nuestra corresponsabilidad.

[i] Censo Nacional de Población y Vivienda 2010, Tabulados básicos.

[ii] Concepto asentado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1947, según la definición de salud elaborada en 1945 por Andrija Stampar.

[iii] “La promoción de la salud consiste en proporcionar a los pueblos los medios necesarios para mejorar su salud y ejercer un mayor control sobre la misma. Para alcanzar un estado adecuado de bienestar físico, mental y social un individuo o grupo debe ser capaz de identificar y realizar sus aspiraciones, de satisfacer sus necesidades y de cambiar o adaptarse al medio ambiente. La salud se percibe pues, no como el objetivo, sino como la fuente de riqueza de la vida cotidiana. Se trata por tanto de un concepto positivo que acentúa los recursos sociales y personales así como las aptitudes físicas. Por consiguiente, dado que el concepto de salud como bienestar transciende la idea de formas de vida sanas…”

 

Roberto Karam Araujo es Médico Cirujano por la Facultad de Medicina de la Universidad Juárez del Estado de Durango. Actualmente se desempeña como Titular de la División de Promoción de la Salud, de la Coordinación de Bienestar Social del IMSS. Es coautor de diversos artículos, libros y protocolos de investigación a nivel nacional e internacional. Miembro de la Asociación Mexicana de Gerontología y Geriatría y Presidente de la Junta de Servicios Generales de la Central Mexicana de Alcohólicos Anónimos A.C.