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por: Carolina Carrera Ascencio

 

Vivir como ser humano en este hermoso planeta es un privilegio; es la oportunidad de experimentar conscientes y de múltiples maneras la bendición de crear, dar vida, sentir, amar y comunicarnos, por mencionar sólo algunas de nuestras muchas capacidades. Podemos experimentar nuestra individualidad con libertad y, al mismo tiempo, relacionarnos unos con otros y vivir en grandes comunidades en donde cada uno es único, especial y tiene su propia manera de percibir e interpretar el universo. Esto nos abre un mundo de posibilidades pues no sólo aprendemos de nuestra experiencia, sino de la de los demás. Es por eso que la convivencia es una práctica que nos brinda aprendizaje y satisfacción.

     Nos gusta reunirnos con nuestra familia y amigos por instinto natural y hay valores indispensables para cimentar estas relaciones y hacerlas duraderas y significativas. Para conocer realmente a los demás es importante pasar tiempo con ellos, observarlos, escucharlos y reconocer su ser puro interior. Lo decimos en yoga cuando nos saludamos: “Namaste” (me inclino ante a ti o te reverencio a ti). Es una manera de mostrar respeto a la presencia que está frente a ti, y desde ese respeto y esa apreciación es posible ir construyendo una relación. Ya lo dijo el filósofo latino Séneca: “El hombre es sagrado para el hombre”. A los niños les mostramos la convivencia desde la cortesía, el afecto, la compasión, la gratitud, y sobre todo, el amor con el ejemplo. Aprenden viéndonos, escuchándonos, observando nuestros gestos, y hasta con nuestros silencios les enseñamos a convivir en paz.

     La manera en que nos relacionamos durante el día les muestra la forma ordenada y urbana de cohabitar, les fija límites necesarios para lograr mayores satisfacciones y crear prácticas y costumbres que les faciliten vivir en sociedad. El diálogo y la cooperación en el hogar son indispensables para crear una convivencia óptima en donde el ser pacientes y amables con los demás sea un ejemplo de reflexión y esperanza.

 

«No hemos nacido sólo para nosotros»                                                                                                          

Cicerón, filósofo romano

 

     En esta época del año en la cual hacemos un balance de nuestros logros y acciones, además de comenzar a planear lo que esperamos del año por venir, considero importante tomar en cuenta esta célebre frase (“No hemos nacido sólo para nosotros”), y empezar a pensar un poco más en el bien común. Meditar en que los pensamientos, palabras y acciones que ejerzamos sean convenientes para el progreso colectivo y darnosen lugar de dar, entendiendo el darse en primer lugar a uno mismo los valores que queremos dar a los demás, y desde ese bienestar emocional darnos a los otros en virtud de una mejor convivencia.

Pautas para convivir en paz:

  • Establece cuáles son los valores más importantes para ti y tu familia; revísenlos juntos, lean cuentos que los aborden, dibújenlos y practíquenlos de manera consciente integrando los resultados de sus acciones.
  • Cuando alguien cometa una falta en la relación, platíquenla con apertura de entendimiento y pongan en práctica los valores de la compasión y la amabilidad, recordando que todos cometemos errores y merecemos otra oportunidad.
  • Juguemos a ser refinados y bien comportados en la mesa, a usar nuestros cubiertos y comer con gracia, pedir la palabra y mantener la atención cuando alguien más está hablando.
  • Mantengamos el espacio de convivencia ordenando, limpio y acogedor.
  • Hablemos de nosotros mismos, de lo que sentimos y lo que nos gusta con respeto y humildad.
  • Tomemos en cuenta la visión de los demás e intentemos comprender desde qué perspectiva nos están hablando, desde qué sentimiento o desde qué valor, evitando hacer juicios.
  • Abramos paso a la alegría serena, dispongámonos a disfrutar cada momento con plenitud renunciando a la supuesta perfección o las grandes expectativas.
  • Agradece cada instante y cada persona que se cruzó por tu vida con la confianza de que todo es perfecto y con la esperanza de ser cada vez más sabios y ecuánimes.

     Como buena cocinera y comensal que soy, sugiero que el momento de compartir los alimentos sea sagrado para la convivencia y evitemos distracciones, centrando nuestra atención en quienes tenemos alrededor. Qué mejor manera de reunir a las personas y coexistir en armonía y paz que una hermosa mesa puesta con alimentos creados con amor.

 

Carolina Carrera Ascencio es originaria de Coatzacoalcos, Veracruz. Se dedica a amar a su familia y conocerse a sí misma. Practica yoga, meditación, cocina consciente, imparte cursos y escribe. Le encantan los postres, las montañas y los gatitos.